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2026-10-12

‘Star Wars: Galactic Racer’ cumple tu sueño de ser parte de la icónica carrera mortal de una galaxia muy lejana


Creado por exdesarrolladores de ‘Burnout’, este nuevo título de carreras combina físicas extremas, ‘takedowns’ e impredecibles mecánicas ‘roguelite’ en el peligroso circuito clandestino del Outer Rim.


Durante años, las carreras dentro del universo de Star Wars se asociaron casi por completo con las vainas de Episodio I, ahora y tras casi 26 años, Star Wars: Galactic Racer llega para ampliar esa idea con un juego de velocidad extrema donde cada error cuesta caro y la campaña toma su estructura de los roguelites.

El título, desarrollado por Fuse Games y publicado por Secret Mode en colaboración con Lucasfilm Games, salió a la venta el 6 de octubre para PlayStation 5, Xbox Series X|S y PC, con versiones en Steam y la Epic Games Store, y también puede jugarse a través de Amazon Luna.

Fuse Games es un estudio británico con sede en Guildford, fundado en 2023 por veteranos de Criterion Games, el equipo detrás de Burnout y de varias entregas de Need for Speed. Esa herencia se refleja en la propuesta, que retoma los takedowns, la gestión del impulso y la importancia del game feel.

Al frente del proyecto está Matt Webster, CEO y cofundador del estudio, quien figura como director, mientras que Kieran Crimmins es el director creativo, Chris Remo y Duncan Fyfe se encargan de la escritura y Gordy Haab firma la música. El juego utiliza Unreal Engine 5.

Webster ha explicado que la estructura de la mayoría de los juegos de carreras gira en torno a coleccionar autos y que eso casi no ha cambiado en unos veinte años, así que el equipo quiso romper con ese esquema y tomar ideas de otros géneros. De ahí nace la apuesta por una campaña basada en runs, que es la característica que más distingue al juego.

Star Wars: Galactic Racer: carreras extremas estilo Burnout

La historia transcurre en la era de la Nueva República, después de El retorno del Jedi y antes de El despertar de la Fuerza. El protagonista es Shade, un piloto solitario con un rencor personal que se une a la Galactic League, un circuito subterráneo y no sancionado del Outer Rim donde los sindicatos patrocinan a los pilotos y las fortunas se ganan o se pierden en cuestión de segundos.

La campaña se divide en tres actos, enfrenta a Shade con Kestar Bool y su clan, y cuenta con aliados como Darius Pax, Hibi y Sebulba, el rival de las vainas que los fans recordarán de Episodio I. Ben Quadinaros y varios planetas icónicos también aparecen como guiños a la franquicia.

El lema del juego resume su postura: sin la Fuerza y sin profecías, solo habilidad, estrategia y voluntad de ascender. No hay jedis ni grandes destinos, y el peso recae en la cultura de las carreras de una galaxia que todavía se acomoda después de la caída del Imperio.

Star Wars Episode I: Racer, lanzado en 1999 por LucasArts, se centraba exclusivamente en las vainas, con circuitos en distintos planetas y un afterburner que podía provocar fuego, mientras que Racer Revenge, de 2002, amplió el componente de combate.

Galactic Racer no funciona como secuela directa de ninguno de los dos ni como reinicio, sino que expande la idea hacia una escena de carreras más amplia, con clases de vehículos distintas y una estructura de riesgo y rejugabilidad propia de los últimos años.

El grueso de la experiencia se vive a bordo de tres tipos de vehículo, cada uno con su propia física:

  • Landspeeders: los más versátiles, con buen manejo y gran resistencia.
  • Speeder bikes: ofrecen aceleración y velocidad altas, con ráfagas de impulso en las curvas, aunque son frágiles.
  • Skim speeders: un vehículo nuevo creado para el juego, con giros laterales de filo de navaja que exigen dominar el momentum.

Los podracers aparecen como la forma más extrema y peligrosa de competir, y casi se extinguieron tras la regulación imperial. Llegan en fases más avanzadas de la campaña o en modos separados, con una física flotante y cero margen de error.

Los controles son directos y ponen el énfasis en la aceleración, el manejo preciso, los derrapes y la gestión de dos tipos de impulso. El Afterburner es el más seguro y se recarga con el tiempo. El Ramjet es más potente y continuo, pero puede sobrecalentarse hasta provocar una explosión, o interrumpirse por los peligros del circuito. Elegir cuándo arriesgarse con el Ramjet define buena parte de cada carrera.

A eso se suman los takedowns, que el juego incentiva con una cámara lenta al puro estilo Burnout, y las opciones de accesibilidad que ayudan a los jugadores nuevos, aunque la dificultad alta sigue siendo exigente.

La campaña se organiza en tours de tres a cinco planetas con eventos ramificados, entre ellos carreras estándar, eliminatorias, encuentros narrativos y vuelos de prueba. Si el piloto se estrella o no logra clasificar en un evento clave, el tour se reinicia, aunque la historia sigue avanzando por actos y existen mejoras permanentes en la base.

No hay reinicios a mitad de carrera, de modo que cada decisión pesa y cada choque tiene consecuencias reales.

Durante cada run se construye el vehículo con partes que modifican estadísticas, impulsos, armas como minas o ion bolts y gadgets como el piloto automático. A eso se añaden los estilos de piloto, como Survivor y Redliner, y las liveries, y el estudio ha hablado de millones de combinaciones posibles.

Esas builds se pierden al fallar un tour, aunque hay sinergias entre partes y opciones de desguace y defectos que cambian el rumbo de cada intento. Cada carrera otorga créditos y piezas, las alianzas y rivalidades cambian entre runs y los patrocinadores proponen objetivos secundarios.

Los planetas confirmados son Tatooine, Jakku, Ando Prime, Sentinel One, Lantaana, Crait y Derven Acos, con biomas que van del desierto y los restos de naves a la nieve, el hielo, el ácido, los tubos de lava y las salinas; por su parte, los circuitos ofrecen rutas alternativas y obstáculos, y no existe una única línea ideal.

Los peligros ambientales, como el calor, el frío, el ácido y el polvo, afectan tanto a los impulsos como al manejo, y en Ando Prime los tubos de calor permiten descongelar o extender el Ramjet. Jakku muestra restos de Destructores Estelares y Crait su característico polvo rojo.

Entre carrera y carrera, la campaña ofrece un paddock explorable en tercera persona donde se interactúa con los personajes del juego.

Además de la campaña, el juego incluye un modo Arcade para carreras rápidas y un modo Scenario con contrarreloj y objetivos específicos. El multijugador en línea admite hasta 12 jugadores en speeders y hasta 8 en podracers, con cross-play confirmado y partidas basadas en tours condensados, y se planea un sistema de ranking.

No hay pantalla dividida ni multijugador local. No existe una cifra oficial de horas para la campaña, aunque la estructura de runs implica varios intentos para completarla y dominarla, y los desarrolladores han mencionado contenido descargable posterior al lanzamiento.

La estructura de runs tiene un costo para quien busca progresión constante, porque perder las builds al fallar un tour puede resultar frustrante, y el componente aleatorio de las partes no siempre juega a favor. Los planetas tienden a repetirse en runs largas, lo que puede restar variedad con el tiempo y la falta de multijugador local pesa para quienes prefieren competir en el mismo sofá.

Los podracers, por su parte, solo aparecen en fases o modos específicos, así que quien espere una experiencia centrada en ellos encontrará algo distinto. El sistema de builds y el manejo del Ramjet requieren algo de práctica, aunque las opciones de accesibilidad ayudan a suavizar esa curva.

Unreal Engine 5 se aprovecha en modelos de vehículos detallados, escenarios amplios, partículas e iluminación que refuerzan la sensación de velocidad, con animaciones de choques y takedowns muy vistosas. El sonido distingue entre clases de vehículo, con motores que suenan diferente, además de los efectos de impulso e impacto, y la música de Gordy Haab recupera motivos de Star Wars.

Star Wars: Galactic Racer funciona como una carta abierta a quienes siempre quisieron sentarse en una cabina de las carreras de la saga, y también como un racer arcade con identidad propia gracias a su herencia Burnout, su estructura de riesgo y sus builds profundas.

No exige conocimiento previo de Star Wars, pero los fans encontrarán referencias a Sebulba, Ben Quadinaros y planetas conocidos que le dan contexto a ese circuito clandestino del Outer Rim. La combinación de velocidad, consecuencias reales y decisiones constantes lo convierte en una propuesta propia más que en una simple licencia.

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