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2026-08-11

EA es adquirida por 55.000 millones de dólares por el consorcio del fondo saudí


El fondo soberano saudí PIF toma el control del 93,4% de Electronic Arts tras cerrar la mayor compra apalancada de la historia; Andrew Wilson mantendrá el cargo de CEO y la sede en California.


Electronic Arts dejó de ser una empresa pública, pues a inicios de mes se cerró oficialmente la adquisición de la compañía por parte de un consorcio liderado por el Public Investment Fund (PIF) de Arabia Saudita, junto con la firma de private equity Silver Lake y Affinity Partners, la firma de inversión fundada por Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump.

La operación tuvo un valor empresarial de aproximadamente 55.000 millones de dólares y se tradujo en una compra apalancada, es decir, un leveraged buyout que sacó a EA de la bolsa: sus acciones dejaron de cotizar en Nasdaq y los accionistas recibieron 210 dólares en efectivo por cada acción, una prima del 25% sobre el precio no afectado de 168,32 dólares que tenía el papel en 2025, justo antes de que trascendieran los rumores del acuerdo.

El camino hasta el cierre no fue breve. el acuerdo definitivo se anunció el 29 de septiembre de 2025, los accionistas lo aprobaron el 22 de diciembre de ese mismo año, y durante los meses siguientes la operación fue sorteando las aprobaciones regulatorias necesarias en Estados Unidos, la Unión Europea y otros mercados, hasta consumarse este agosto.

Con esta cifra, se trata del LBO más grande registrado hasta la fecha en cualquier industria, y dentro del sector de los videojuegos queda como la segunda mayor adquisición de la historia, apenas por detrás de la compra de Activision Blizzard por parte de Microsoft, que rondó los 69.000 millones de dólares.

La estructura societaria resultante deja un reparto de poder bastante claro, ya que de acuerdo con un filing presentado ante el regulador de competencia de Brasil, el PIF controla el 93,4% de la compañía, Silver Lake se queda con un 5,5% y Affinity Partners con aproximadamente 1,1%.

Esa mayoría abrumadora del fondo saudí no salió de la nada: PIF ya era accionista minoritario de EA desde hace más de cinco años, con una participación cercana al 9,9%, y esa tenencia se incorporó como rollover dentro del nuevo esquema de capital, valuada en unos 5.200 millones de dólares al precio de la oferta.

El financiamiento de la operación se dividió en dos grandes bloques. Por un lado, el consorcio aportó 36.000 millones de dólares en equity, que incluyen justamente ese rollover de PIF. Por otro, JPMorgan comprometió 20.000 millones de dólares en deuda, de los cuales cerca de 18.000 millones ya estaban financiados al momento del cierre. Esa deuda queda a cargo de EA, un dato que no es menor y que ya empieza a generar preguntas sobre el futuro operativo de la compañía.

En cuanto a la gestión diaria, no hay cambios: Andrew Wilson continúa como CEO y presidente de Electronic Arts, y la sede corporativa se mantiene en Redwood City, California. El comunicado de cierre, difundido a través de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), habla de una intención de «acelerar la innovación» y de invertir en crecimiento, incluyendo inteligencia artificial, aunque sin especificar todavía en qué se traduce eso.

Para entender esta compra hay que mirar más allá de EA y centrarnos en el Public Investment Fund, el fondo soberano de Arabia Saudita, uno de los más grandes del mundo, con activos bajo gestión que rondaron 1,21 billones de dólares hacia fines de 2025 según los datos más recientes disponibles, aunque otras fuentes citan cifras algo distintas.

Su consejo está presidido por el príncipe heredero Mohammed bin Salman, y su función central es diversificar la economía saudí más allá del petróleo, en línea con el plan conocido como Vision 2030. Dentro de esa estrategia, el entretenimiento, los deportes y los videojuegos aparecen como sectores prioritarios.

Arabia Saudita completa la compra de EA.

El vehículo especializado que PIF utiliza para sus inversiones en gaming es Savvy Games Group, creado en 2021 y con un presupuesto histórico asignado de unos 38.000 millones de dólares. Es importante aclarar un punto que suele prestarse a confusión: la compra de EA se estructuró a nivel del consorcio PIF, no directamente bajo Savvy Games Group, que funciona como una entidad separada dentro del ecosistema del fondo.

De todos modos, el historial de Savvy y PIF en la industria ya es extenso, tan solo en 2023 Savvy compró el estudio de mobile gaming Scopely por unos 4.900 millones de dólares; un año antes, en 2022, había adquirido ESL y FACEIT por aproximadamente 1.500 millones de dólares, fusionándolas en ESL FACEIT Group, y también había desembolsado 1.000 millones de dólares por un 8% de Embracer Group, una participación minoritaria.

Entre 2025 y 2026, PIF transfirió a Savvy participaciones cotizadas por un valor cercano a 12.000 millones de dólares, entre las que figuran posiciones minoritarias en Nintendo, Take-Two, Bandai Namco, Square Enix, Nexon, NCSoft y Koei Tecmo, entre otras compañías.

También hay reportes de participaciones minoritarias en Capcom y de una posición mayoritaria en SNK, además de negociaciones en curso o pendientes por Moonton, el estudio mobile de ByteDance, por una cifra que rondaría los 6.000 millones de dólares.

Es clave aclarar que, en todos esos casos previos a EA, se trata de participaciones minoritarias sin control operativo. La compra de Electronic Arts marca una diferencia sustancial: es la primera vez que el fondo saudí toma el control mayoritario absoluto de un gran publisher de videojuegos, y ni una simple posición accionaria, como tampoco lo es una empresa de desarrollo que no debamos voltear a ver.

La compañía llegó a este cambio de manos en un momento financiero sólido. En su año fiscal 2026, cerrado el 31 de marzo de ese año, EA reportó ingresos netos de aproximadamente 7.531 millones de dólares, un 1% más que el año anterior, con un récord de bookings netos de 8.026 millones de dólares, un salto del 9%. La ganancia neta fue de 887 millones de dólares y el flujo de caja operativo alcanzó los 2.553 millones. La plantilla de la empresa ronda los 14.600 empleados.

El catálogo de franquicias que ahora queda bajo control mayoritario saudí incluye nombres de peso: EA SPORTS FC (la saga que sucedió a FIFA), Madden NFL, Battlefield, The Sims, Apex Legends, Need for Speed, y las marcas de BioWare como Mass Effect y Dragon Age, además de los juegos de Star Wars y Plants vs. Zombies.

Buena parte de esos ingresos depende de los servicios en vivo, con el modo Ultimate Team como el más rentable de todos; detrás de esas franquicias hay una red de estudios propios distribuida globalmente, entre ellos DICE, Respawn, Criterion, Maxis y Motive.

Más allá de lo que pase puertas adentro de EA, esta compra profundiza una tendencia que ya venía marcando el rumbo de la industria: la concentración de grandes publishers en manos de un puñado de actores con enorme poder de fuego financiero, sea capital soberano o fondos de private equity.

Después de la absorción de Activision Blizzard por Microsoft, la entrada de PIF como dueño mayoritario de EA confirma que el ajedrez corporativo del gaming se sigue jugando con fichas cada vez más grandes.

Compañías como Microsoft, Sony, Nintendo, Tencent, Take-Two y Ubisoft mantienen por ahora su independencia accionaria, aunque varias de ellas -como se mencionó antes- ya cuentan con inversores saudíes en su cap table, aunque en posiciones minoritarias.

Lo que deja este cierre es un precedente: un fondo soberano tomando el control absoluto de uno de los publishers más grandes del mundo, algo que hasta ahora no tenía antecedentes de esta magnitud dentro del gaming.

Quedan, eso sí, varias preguntas sin responder. Todavía no se conocen los detalles exactos de la gobernanza corporativa que tendrá EA de acá en adelante, ni la composición definitiva de su directorio. Tampoco hay precisiones sobre si existirá algún tipo de integración o coordinación formal con Savvy Games Group, ni sobre cómo impactará realmente el peso de la deuda en las áreas de investigación y desarrollo, en los futuros lanzamientos o en la planta de empleados.

La estrategia concreta para las franquicias que no son parte del núcleo duro de la compañía, así como el rumbo que tomará el uso de inteligencia artificial dentro de sus estudios, son piezas que todavía faltan por definirse.

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